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Crónica · 12 de abril de 2026

Frenábamos peor de lo que creíamos

Cuatro horas en recinto cerrado con un instructor y un cono. Ninguno de los cuatro frenaba tan fuerte como creía, y el que peor lo hacía era el de la moto más moderna.

Por Víctor, Archivero 2 min de lectura

Imagen generada · ilustración del archivo

El artículo 5 de nuestros Estatutos prohíbe la velocidad en vía abierta y permite expresamente el recinto cerrado cuando la finalidad es formativa. Escribimos ese matiz en marzo pensando en algún día. El día fue el 11 de abril.

Cuatro horas de ejercicios, una de aula, un instructor titulado y un cono naranja que sigo viendo cuando cierro los ojos.

El ejercicio

El ejercicio es humillante por diseño. Se pasa por delante de un cono a una velocidad fija y se frena lo más fuerte que se sepa. El instructor mide la distancia. Se repite. Se repite otra vez.

Lo que descubre no es que frenes mal. Es que frenas lo que te atreves, no lo que la moto da, y que la diferencia entre las dos cosas es de varios metros. Varios metros son un coche parado.

Mi primera frenada, con una moto de 2025 que tiene ABS de curva y un tren delantero excelente, fue peor que la de la Guzzi de Bruno. La moto no era el límite. El límite era yo, y llevaba años convencido de lo contrario porque nunca lo había medido.

Lo que aprendimos, en orden de sorpresa

  1. Nadie apretaba de verdad. Todos empezábamos con un apretón suave y subíamos. La carga hay que ponerla rápido y luego mantenerla, no ir subiéndola con miedo.
  2. El ABS es una red, no un método. Saltó dos veces en todo el día, y las dos porque alguien lo hizo mal. Frenar bien es no llegar a él.
  3. El trasero sirve. Menos de lo que dicen los nostálgicos y mucho más de lo que cree la gente que solo usa el delantero.
  4. En mojado, la moto agarra más de lo que la cabeza acepta. Ese ejercicio es el que más cambió a la gente.
  5. Retirar la mano del gas y frenar a la vez es un gesto que nadie hace bien la primera vez.

La conclusión que consta en acta

«Ninguno de los cuatro socios frenaba tan fuerte como creía.»

Está escrito así, en el archivo, con nuestros nombres al lado. Y se acordó repetir la jornada todos los años y recomendarla a los aspirantes.

Lo pongo aquí porque este club publica su archivo entero y porque hay una cosa peor que descubrir que frenas mal a los cuarenta años: no descubrirlo.