Genuine Richaracheros Moto Club · desde 2026
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Historia del club

Cuatro socios, un mecánico del que casi todo es dudoso y una manera de medir carreteras que hemos decidido tomarnos en serio.

Imagen generada · ilustración del archivo

El Genuine Richaracheros Moto Club se constituyó formalmente el 7 de marzo de 2026, en Aranga, con cuatro socios fundadores y cuatro motos que no se parecen en nada. Esa desemejanza es el primer acuerdo del acta fundacional (ACTA-2026-001) y sigue siendo la única condición estética del club: aquí no hay una moto correcta.

El origen del nombre

El nombre viene de un hombre al que ninguno de nosotros conoció.

Se llamaba Ricardo y tenía un taller pequeño en Aranga, de los de un puente y una estufa. En la puerta, un cartel mal pintado decía RICHAR — ARREGLOS. Nadie corrigió nunca el cartel, y a partir de ahí nadie corrigió tampoco al hombre.

De su moto se conservan dos fotografías, ambas de perfil, y en cada una se ve una máquina distinta. El club ha decidido, por acuerdo expreso, que ese es exactamente el dato relevante.

Las dos costumbres que heredamos

La primera es el kilometraje. Richar no comía hasta haber hecho cien kilómetros. Se lo preguntaron muchas veces y siempre contestó lo mismo: «o que non fai cen, non ten fame; ten présa». De ahí sale el artículo 18, que a los de fuera les parece una excentricidad y aquí dentro es lo único que no admite discusión.

La segunda es la manera de calificar una carretera. Al llegar a la mesa —tarde, con las manos frías— apoyaba la cuchara en el borde del plato y la soltaba. Si la cuchara se quedaba quieta, la carretera de aquel día no había sido gran cosa. Si a la mano le costaba encontrar el sitio, la carretera valía.

Le decían que eso era el frío. Él sostenía que era la carretera. En su vocabulario, una carretera que dejaba la mano así era digna; y una que no, era simplemente una manera de ir de un sitio a otro, que es la definición más pobre que puede darse de una carretera.

Ese es el origen de nuestra escala de calificación, que hoy tiene cuatro ejes, un umbral y un procedimiento —lo explica El método— pero que sigue llamándose lo que se llamaba.

La curva

En noviembre de un año que baila entre tres según quién lo cuente, Richar salió de noche hacia Monfero con niebla cerrada. No volvió. La moto apareció al día siguiente apoyada en el quitamiedos, de pie y con la llave puesta, en una curva a izquierdas de las que se cierran al final, sobre las Fragas do Eume.

No hubo golpe ni rastro de nada. Hubo una moto bien aparcada en el peor sitio imaginable para aparcar una moto.

Esa curva figura hoy en el archivo como la curva de Richar. El artículo 34 obliga a pasar por ella en toda ruta que empiece o termine en las Fragas, y a hacerlo sin abrir gas, levantando la mano izquierda. Es la única superstición que este club se permite y está escrita como tal.

Y la palabra

Richarachero no es una palabra nuestra: es una palabra contra nosotros.

Durante años hubo en una taberna de la zona una mesa que hablaba de Richar mucho más de lo que rodaba. Hablaban de la moto que no se sabe cuál era, de la cuchara, de la curva. Hablaban. El de la barra, que los tenía vistos, los bautizó con la mezcla exacta de Richar y cháchara que merecían.

El insulto era justo, y el club nació precisamente para desactivarlo: por eso los Estatutos fijan un mínimo de kilómetros certificados y no un mínimo de asistencia a la mesa. Aquí se habla de carreteras, sí — pero después.

Genuine se añadió más tarde, cuando aparecieron otros usando el nombre sin haber pisado nunca la AC-566. Es una palabra presuntuosa y la mantenemos por eso: deja constancia de que el club se fundó, entre otras cosas, de mal humor.