Imagen generada · ilustración del archivo
Soy el Contador de este club. En mayo apliqué la primera penalización del artículo 20 desde que nos constituimos: cincuenta euros detraídos de la cuota anual de un socio que no llegó a los cien kilómetros certificados.
No lo consulté con nadie. No lo votó nadie. No lo puede levantar ni la asamblea. Y el socio en cuestión, que se enteró por la circular como todos los demás, no ha protestado porque no hay nada que protestar.
Mucha gente de fuera nos pregunta si eso no es excesivo. Va la respuesta.
Qué no es
No es una sanción. No abre expediente, no consta como falta y no se cita en ninguna parte con el nombre del socio. En el archivo consta el hecho —una penalización aplicada en mayo— y no consta quién.
No es un juicio. Un mes malo lo tiene cualquiera: se rompe algo, hay trabajo, hay un hijo con fiebre, hay un mes de lluvia y de desgana. Nadie de esta casa cree que no rodar en mayo diga nada sobre nadie.
No es recaudatorio. Cincuenta euros al año no sostienen un club. Y el dinero no vuelve al que lo pagó ni se reparte: va a la caja de imprevistos y a la comida de diciembre.
Qué sí es
Es la única defensa que tiene un club de motos contra convertirse en un grupo de WhatsApp.
Todos hemos estado en el grupo que se llamaba «ruta domingo» y en el que la última moto que salió fue en 2019. Todos hemos visto la conversación sustituir despacio a la carretera hasta que ya solo queda la conversación. Este club se llama, literalmente, con el insulto que le pusieron a una mesa que hablaba de motos más de lo que rodaba.
El artículo 20 es el mecanismo con el que evitamos ser eso. Y funciona por dos características que parecen defectos:
Es automática. En cuanto se puede pedir una excepción, todo el mundo tiene una razón, y todas son buenas. La única manera de que la norma sirva es que no haya nada que pedir.
Es económica y no moral. Nadie tiene que dar explicaciones en una mesa delante de otros tres. Se paga y se acabó, sin conversación y sin humillación. Es infinitamente más limpio que la alternativa.
Las tres excepciones
Solo hay tres, y las aprecia la asamblea, no yo: baja médica acreditada, avería mayor documentada y estar en el extranjero sin la moto.
Se han dado las tres. Ninguna ha sido discutida.
Y una cosa más
Los cien kilómetros no son muchos. Son una tarde. La volta curta das Mariñas son ochenta y ocho kilómetros y hora y cuarenta rodando; con el enlace desde casa, pasa de cien holgadamente.
Por eso esa ruta está en el archivo con el mismo dosier que la de los Ancares. Un club que solo documenta las rutas grandes acaba cobrando cincuenta euros a todo el mundo en diciembre.